MANIFIESTO
BLANCO: de LUCIO FONTANA
(Opúsculo
publicado por los alumnos de Lucio Fontana en la Escuela de Arte Altamira.
Buenos Aires, 1946).
El arte se
encuentra en un período de latencia. Hay una fuerza que el hombre no puede
manifestar. Nosotros la expresamos en forma literal en este manifiesto.
Por eso pedimos
a todos los hombres de ciencia del mundo que saben que el arte es una necesidad
vital de la especie, que orienten una parte de sus investigaciones hacia el
descubrimiento de esa sustancia luminosa y maleable y de los instrumentos que
producirán sonidos, que permitan el desarrollo del arte tetradimensional.
Entregaremos a
los experimentadores la documentación necesaria.
Las ideas no se
refutan. Se encuentran en germen en la sociedad, luego los pensadores y los
artistas las expresan.
Todas las cosas
surgen por necesidad y son de valor en su época.
Las
transformaciones en los medios materiales de vida determinan los estados
psíquicos del hombre a través de la historia.
Se transforma
el sistema que dirige la civilización desde sus orígenes.
Su lugar lo
ocupa progresivamente el sistema opuesto en su esencia y en todas las formas.
Se transformarán todas las condiciones de la vida de la sociedad y de cada
individuo. Cada hombre vivirá en base a una organización integral del trabajo.
Los hallazgos
desmesurados de la ciencia gravitan sobre esa nueva organización de la vida.
El
descubrimiento de nuevas fuerzas físicas, el dominio sobre la materia y el
espacio impone gradualmente al hombre condiciones que no han existido en toda
la historia. La aplicación de esos hallazgos en todas las formas de la vida
produce una modificación en la naturaleza del hombre. El hombre toma una
estructura psíquica diferente.
Vivimos la edad
de la mecánica.
El cartón
pintado y el yeso erecto ya no tienen sentido.
Desde que
fueron descubiertas las formas conocidas de arte en distintos momentos de la
historia se cumple un proceso analítico dentro de cada arte. Cada una de ellas
tuvo sus sistemas de ordenamiento, independiente de los demás.
Se conocieron y
desarrollaron todas las posibilidades, se expresó todo lo que se pudo expresar.
Condiciones
idénticas del espíritu se expresaban en la música, en la arquitectura, en la
poesía.
El hombre
dividía sus energías en distintas manifestaciones respondiendo a esa necesidad
de conocimiento.
El idealismo se
practicó cuando la existencia no pudo ser explicada de un modo concreto.
Los mecanismos
de la naturaleza eran ignorados. Se conocían los procesos de la inteligencia.
Todo residía en las posibilidades propias de la inteligencia. El conocimiento
consistió en enredadas especulaciones que muy pocas veces alcanzaban una
verdad.
La plástica
consistió en representaciones ideales de las formas conocidas, en imágenes a
las que idealmente se les atribuía realidad. El espectador imaginaba un objeto
detrás de otro, imaginaba la diferencia entre los músculos y las ropas
representadas.
Hoy, el conocimiento
experimental reemplaza al conocimiento imaginativo. Tenemos conciencia de un
mundo que existe y se explica por sí mismo, y que no puede ser modificado por
nuestras ideas.
Necesitamos un
arte válido por él mismo. En el que no intervenga la idea que de él tengamos.
El materialismo
establecido en todas las conciencias exige un arte en posesión de valores
propios, alejado de la representación que hoy constituye una farsa. Los hombres
de este siglo, forjados en ese materialismo nos hemos tornado insensibles ante
la representación de las formas conocidas y la narración de experiencias
constantemente repetidas. Se concibió la abstracción a la que se llegó
progresivamente a través de la deformación.
Pero este nuevo
estado no responde a las exigencias del hombre actual.
Se requiere un
cambio en la esencia y en la forma. Se requiere la superación de la pintura, de
la escultura, de la poesía, de la música. Se necesita un arte mayor acorde con
las exigencias del espíritu nuevo.
Las condiciones
fundamentales del arte moderno se notan claramente desde el siglo XIII, en que
comienza la representación del espacio. Los grandes maestros que aparecen
sucesivamente dan nuevo impulso a esa tendencia. El espacio es representado con
una amplitud cada vez mayor durante varios siglos.
Los barrocos
dan un salto en ese sentido: lo representan con una grandiosidad aún no
superada y agregan a la plástica la noción de tiempo. Las figuras parecen
abandonar el plano y continuar en el espacio los movimientos representados.
Esta concepción
fue la consecuencia del concepto de la existencia que se formaba en el hombre.
La física de esa época, por primera vez explica la naturaleza por la dinámica.
Se determina que el movimiento es una condición inmanente a la materia como
principio de la comprensión del universo.
Llegado a este
punto de la evolución la necesidad de movimiento es tan grande que no puede ser
correspondida por la plástica. Entonces la evolución es continuada por la
música. La pintura y la escultura entran en el neo-clasicismo, verdadero
pantano en la historia del arte, y quedan anuladas por el arte del tiempo.
Conquistado el tiempo la necesidad de movimiento se manifestó plenamente. La
liberación progresiva de los cánones dio a la música un dinamismo cada vez
mayor (Bach, Mozart, Beethoven). El arte continua desarrollándose en el sentido
del movimiento.
La música
mantuvo su dominio durante dos siglos y desde el impresionismo se desarrolla
paralelamente a la plástica. DESDE ENTONCES LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE ES UNA
MARCHA HACIA EL MOVIMIENTO DESARROLLADO EN EL TIEMPO Y EN EL ESPACIO. EN LA
PINTURA SE SUPRIME PROGRESIVAMENTE LOS ELEMENTOS QUE NO PERMITEN LA IMPRESIÓN
DE DINAMISMO.
Los
impresionistas sacrificaban el dibujo y la composición. En el futurismo son
eliminados algunos elementos y otros perdieron su importancia quedando
subordinados a la sensación. El futurismo adopta el movimiento como único
principio y único fin. Los cubistas negaban que su pintura fuera dinámica; la
esencia del cubismo es la visión de la naturaleza en movimiento.
Cuando la
música y la plástica unen su desarrollo en el impresionismo, la música se basa
en sensaciones plásticas, la pintura parece estar disuelta en una atmósfera de
sonido. En la mayoría de las obras de Rodin notamos que los volúmenes parecen
girar en ese mismo ambiente de sonido. Su concepción es esencialmente dinámica
y muchas veces llega a la exacerbación del movimiento. Últimamente no se ha
intuido “la forma” del sonido? (Schoenberg) o una superposición o correlación
de “planos sonoros”? (Scriabin). Es evidente la semejanza entre las formas de
Stravinsky y la planimetría cubista. El arte moderno se encuentra en un momento
de transición en que se exige la ruptura con el arte anterior para dar lugar a
nuevas concepciones. Este estado visto a través de una síntesis es el paso del
estatismo al dinamismo. Ubicado en esa transición no pudo desprenderse
totalmente de la herencia renacentista. Empleó los mismos materiales y las
mismas disciplinas para expresar una sensibilidad completamente transformada.
Los elementos antiguos se emplearon en sentido contrario. Fueron fuerzas opuestas
que estuvieron en pugna. Lo conocido y lo desconocido, el porvenir y el pasado.
Por eso se multiplicaron las tendencias apoyadas en valores opuestos y
persiguiendo objetivos distintos aparentemente. Nosotros recogemos esa
experiencia y la proyectamos hacia un porvenir claramente visible.
Concientes o
inconscientes de esa búsqueda los artistas modernos, no lo podían alcanzar. No
disponían de los medios técnicos necesarios para dar movimiento a los cuerpos,
sólo lo daban de un modo ilusorio representándolo por medios convencionales.
Se determina
así la necesidad de nuevos materiales técnicos que permitan llegar al objetivo
buscado. Esta circunstancia unida al desarrollo de la mecánica ha producido el
cine, y su triunfo es un testimonio más sobre la orientación tomada por el
espíritu hacia lo dinámico.
EL HOMBRE ESTÁ
EXHAUSTO DE LAS FORMAS PICTÓRICAS Y ESCULTÓRICAS. SUS PROPIAS EXPERIENCIAS, SUS
AGOBIADORAS REPETICIONES ATESTIGUAN QUE ESTAS ARTES PERMANECEN ESTANCADAS EN
VALORES AJENOS A NUESTRA CIVILIZACIÓN, SIN POSIBILIDAD DE DESARROLLARSE EN EL
FUTURO.
La vida
apacible ha desaparecido. La noción de lo rápido es constante en la vida del
hombre.
La era
artística de los colores y las formas paralíticas toca a su fin. El hombre se
torna de más en más insensible a las imágenes clavadas sin indicios de
vitalidad. Las antiguas imágenes inmóviles no satisfacen las apetencias del
hombre nuevo formado en la necesidad de acción, en la convivencia con la
mecánica, que le impone un dinamismo constante. La estética del movimiento
orgánico reemplaza a la agotada estética de las formas fijas.
Invocando esta
mutación operada en la naturaleza del hombre en los cambios psíquicos y morales
y de todas las relaciones y actividades humanas, abandonamos la práctica de las
formas de arte conocidas y abordamos el desarrollo de un arte basado en la
unidad del tiempo y del espacio.
El arte nuevo
toma sus elementos de la naturaleza.
La existencia,
la naturaleza y la materia son una perfecta unidad. Se desarrollan en el tiempo
y en el espacio.
El cambio es la
condición esencial de la existencia. El movimiento, la propiedad de evolucionar
y desarrollarse es la condición básica de la materia. Esta existe en movimiento
y no de otra manera. Su desarrollo es eterno. El color y el sonido se encuentran
en la naturaleza ligados a la materia.
La materia, el
color y el sonido en movimiento, son los fenómenos cuyo desarrollo simultáneo
integra el nuevo arte.
El color en
volumen desarrollándose en el espacio adoptando formas sucesivas. El sonido producido
por aparatos aún desconocidos. Los instrumentos de música no responden a la
necesidad de grandes sonoridades ni producen sensaciones de la amplitud
requerida.
La construcción
de formas voluminosas en mutación mediante una sustancia plástica y movible.
Dispuestos en
el espacio actúan en forma sincrónica, integran imágenes dinámicas.
Exaltamos así
la naturaleza en todo su sentido.
La materia en
movimiento manifiesta su existencia total y eterna, desarrollándose en el
tiempo y en el espacio, adoptando en su mutación distintos estados de la
existencia.
Concebimos al
hombre en su reencuentro con la naturaleza, en su necesidad de vincularse a
ella para tomar nuevamente el ejercicio de sus valores originales. Postulamos
una comprensión cabal de los valores primarios de la existencia, por eso
instauramos en el arte los valores sustanciales de la naturaleza.
Presentamos la
sustancia, no los accidentes. No representamos al hombre, ni a los demás
animales ni a las otras formas. Estas son manifestaciones de la naturaleza,
mutables en el tiempo, que cambian y desaparecen según la sucesión de los
fenómenos. Sus condiciones físicas y psíquicas están sujetas a la materia y a
su evolución. Nos dirigimos a la materia y a su evolución, fuentes generatrices
de la existencia.
Tomamos la
energía propia de la materia, su necesidad de ser y desarrollarse.
Postulamos un
arte libre de todo artificio estético. Practicamos lo que el hombre tiene de
natural, de verdadero. Rechazamos las falsedades estéticas inventadas por el
arte especulativo.
Nos ubicamos
cerca de la naturaleza como nunca lo ha estado el arte en su historia.
El amar a la
naturaleza no nos impulsa a copiarla. El sentimiento de belleza que nos trae la
forma de una planta o de un pájaro o el sentimiento sexual que nos trae el
cuerpo de una mujer, se desarrolla y obra en el hombre según su sensibilidad.
Rechazamos las emociones particulares que nos producen formas determinadas.
Nuestra intención es abordar en una síntesis todas las vivencias del hombre,
que unidas a la función de sus condiciones naturales, constituya una
manifestación propia del ser.
Tomamos como
principio las primeras experiencias artísticas. Los hombres de la prehistoria,
que percibieron por primera vez un sonido producido por golpes dados sobre un
cuerpo hueco, se sintieron subyugados por sus combinaciones rítmicas.
Impulsados por la fuerza de sugestión del compás, debieron danzar hasta la
embriaguez. Todo fue sensación en los hombres primitivos. Sensación ante la
naturaleza desconocida, sensaciones musicales, sensación de ritmo.
Nuestra
intención es desarrollar esa condición original del hombre.
El
subconsciente, magnífico receptáculo donde se alojan todas las imágenes que
percibe el entendimiento, adoptaba la esencia y las formas de esas imágenes,
aloja las nociones que informan la naturaleza del hombre. Así, al transformarse
el mundo objetivo se transforma lo que el subconsciente asimila lo cual produce
modificaciones en la forma de concebir del hombre.
La herencia
histórica recibida de los estados anteriores de la civilización y la adaptación
a las nuevas condiciones de la vida, se opera mediante esa función del
subconciente. El subconciente moldea al individuo, lo integra y lo transforma.
Le da la ordenación que recibe del mundo y que el individuo adopta. Todas las
concepciones artísticas se han debido a la función del subconciente.
La plástica se
desarrolló en base a las formas de la naturaleza. Las manifestaciones del
subconsciente se adaptaban plenamente a ellas debido a la concepción idealista
de la existencia.
La conciencia
materialista, es decir, la necesidad de cosas claramente comprobables, exige
que las formas de arte surjan directamente del individuo, suprimida la
adaptación a las formas naturales.
Un arte basado
en formas creadas por el subconsciente, equilibradas por la razón, constituye
una expresión verdadera del ser y una síntesis del momento histórico.
La posición de
los artistas racionalistas es falsa. En su esfuerzo por sobreponer la razón y negar
la función del subconsciente, logran únicamente que su presencia sea menos
visible. En cada una de sus obras notamos que esta facultad ha funcionado.
La razón no
crea. En la creación de formas, su función está subordinada a la del
subconsciente.
En todas las
actividades el hombre funciona con la totalidad de sus facultades. El libre
desarrollo de todas ellas es una condición fundamental en la creación y en la
interpretación del arte nuevo. El análisis y la síntesis, la meditación y la
espontaneidad, la construcción y la sensación son valores que concurren a su
integración en una unidad funcional. Y su desarrollo en la experiencia es el
único camino que conduce a una manifestación completa del ser.
La sociedad
suprime la separación entre sus fuerzas y las integra en una sola fuerza mayor.
La ciencia moderna se basa en la unificación progresiva entre sus elementos.
La humanidad
integra sus valores y sus conocimientos. Es un movimiento arraigado en la
historia por varios siglos de desarrollo.
De este nuevo
estado de la conciencia surge un arte integral, en el cual el ser funciona y se
manifiesta en su totalidad.
Pasados varios
milenios de desarrollo artístico analítico, llega el momento de la síntesis.
Antes la separación fue necesaria. Hoy constituye una desintegración de la
unidad concebida.
Concebimos la
síntesis como una suma de elementos físicos: color, sonido, movimiento, tiempo,
espacio, integrando una unidad físico psíquica. Color, el elemento del espacio,
sonido el elemento del tiempo y el movimiento que se desarrolla en el tiempo y
en el espacio, son las formas fundamentales del arte nuevo, que contiene las
cuatro dimensiones de la existencia. Tiempo y espacio.
El arte nuevo
requiere la función de todas las energías del hombre, en la creación y en la interpretación.
El ser se manifiesta integralmente con la plenitud de su vitalidad.-
Firmantes:
Bernardo Arias - Horacio Cazeneuve -
Marcos Fridman - Pablo Arias - Rodolfo Burgos - Enrique Benito - César Bernal -
Luis Coll - Alfredo Hansen - Jorge Rocamonte.
COLOR. SONIDO.
MOVIMIENTO
Artículo: Prof. \ Lic. Arnoldo Gualino
Bibliografía: www.arnoldogualino.com.ar