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sábado, 17 de mayo de 2014

ALCIDES GRECA. EL ÚLTIMO MALÓN. Film 1917



ALCIDES GRECA

Realizador de Largometraje en 1917

Film “El Último Malón” (1917)

Primer Largometraje argentino en 35mm., realizado por Alcides Greca en el interior del país en el año 1917.

Recrea la última rebelión indígena de los indios Mocovíes, acaecida en San Javier, al norte de la provincia de Santa Fe, en 1904.

Desde la llegada del hombre blanco en América, el indio no ha dejado de combatir; lucha contra la injusticia, la discriminación, la dominación el hambre por sus tierras.









Se hace guerrero combatiente y pese a tener sus razones será vencido, masacrado y exterminado.
El inicio del film; a modo de presentación-autoglorificación aparece su autor en su estudio rodeado de libros.
La trama en la primera parte describe el avance de la civilización; reducido a los indios, despojados de tierras, dejándolos en situación de miseria.







Uno de los personajes a través de los cuales seguimos la historia es Salvador Jesús, líder indígena que reclama la devolución de las tierras a su pueblo.

Están presentes los comerciantes que han introducido el alcohol entre los indios, para explotarlos; los estancieros que se han quedado con las tierras expropiadas; la policía y el Ejército que parecen con la función de reprimir.





La segunda parte reconstruye, el ataque al pueblo de San Javier que los mocovíes lanzaron y su derrota final en 1904.

Greca le dió al film una dimensión pintoresca de la realidad, con toques románticos y un estilo modernista. 
Produjo una fusión entre el documentalismo y el argumento en defensa y respeto sobre el indio.







Luego de la aparición de su imagen, se inicia con un relato frente a la cámara de los sobrevivientes del episodio, desde sus propias vivencias y versión de los hechos, los hace hablar del conflicto.

Continuadas por las imágenes de los personajes y el espacio geográfico donde sucedieron los hechos, otorgan una lectura directa y creíble.

“El último Malón” fue rescatado del olvido en 1956 por Fernando Birri y la Escuela Documental de Santa Fe, con la exhibición de una copia original de 35mm., proporcionada por la familia de Alcides Greca.








En 1968 el Cine club Rosario gestionó una reducción a 16mm., realizada por el técnico Fernando Vigévano.
Dado que la copia en 35mm., se considera perdida, la versión que se exhibe se realizó a partir de la reducción a 16mm., conservada por el Museo del Cine.
Greca había incorporado en su estudio de abogado de calle Pellegrini al 1655, "Greca Film Empresa Cinematográfica Rosarina”.







Alcides Greca
Nace en San Javier, provincia de Santa Fe, Argentina, el 13 de febrero de 1889 de Don Francisco Greca y de doña Magdalena Trucco, inmigrantes de origen italiano y francés.
Recibe su primera educación y hace vida social junto a los aborígenes locales: los "indios mocovíes", de la zona de San Javier, en la provincia de S. Fe.
En 1903, inicia sus estudios secundarios el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, a cargo de los Jesuitas; finaliza en el Colegio Nacional Simón de Iriondo

En 1908, crea un periódico “El Mocoví” en San Javier; en 1914 funda el periódico “El Paladín del Norte” en la ciudad de Santa Fe y al año siguiente el periódico “La Palabra” hoy con el nombre del diario “El Litoral” de S. Fe.
Colabora con el diario “La Capital” de Rosario. En 1938 dirige la “Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales” de la Universidad del Litoral.
Cursa estudios de Derecho en la Universidad de La Plata, recibiendo su título en 1917.

Es electo Diputado Provincial por su Departamento natal, San Javier en 1912, y reelecto en 1916.
En 1920 es electo Senador,  en el mismo acto es elegido Diputado Constituyente para la reforma de la Constitucional Provincial de Santa Fe, y reelecto en 1926.
En 1922 es nombrado titular de Derecho Administrativo y Derecho Municipal
Ejerce la docencia en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad del Litoral. 
En 1948 ingresa a la docencia secundaria en la Escuela Superior de Comercio y en la Escuela Normal Nº 1 de Rosario. Fue Vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas. 
Se jubila de la actividad docente en 1954.
El país en 1933 transcurre en un período de tiranía militar, es detenido por motivos políticos y recluidos en la isla Martín García junto a correligionarios y opositores al régimen imperante.
Fallece en Rosario en 1956 enfermo de pancreatitis.








Libros publicados
Su obra tiene una mirada que se interesa por el Americanismo y la Tradición, reivindicando problemáticas y conflictos locales ocultados o minimizados.

Aborda a problema del indio, los ideales y la revalorización del interior, preocupaciones compartidas junto a los hermanos Alfredo y Ángel Guido, realizando junto a ellos un viaje por Chile, Perú, Bolivia y Uruguay.

En 1909, publica su primer libro “Palabras de Pelea”, al año siguiente: un “Sinfonía del Cielo” de prosa.





“Lágrimas Negras”; “La Pura Verdad” en 1911; “Lepra” es un panfleto de combate de su época de estudiante; “Laureles del Pantano” (crónicas y discursos de su gestión legislativa); “El Evangelio Rebelde” 1927; “Viento Norte”, novela; “La Torre de los Ingleses” (1929): (Crónicas del viaje realizado en el año 1923) ; “Cuentos de Comité” (1931); “Tras el alambrado de Martín García” (1934); “La Pampa Gringa” novela (1936); “Tragedia espiritual de los Argentinos que hoy tienen 20 años” (1941) Ed. U.N.L,; “En Torno al Hombre”, diez ensayos compilados; “Derecho y Ciencias de la Administración Municipal” cuatro tomos (1943)
“Bahianos y bandeirantes”, (1950) ensayo; “Una Nueva Capital para la Nación Argentina” (1950) tesis.






En su memoria el gobierno de la Provincia de Santa Fe, creó un de Narrativa Alcides Greca, destinado a obras editadas o inéditas en el género narrativa, ya sean novelas o conjuntos de cuentos.
En la ciudad de San Javier de la Pcia. de Santa Fe, existe un Instituto Superior de Profesorado Nº 15"; que lleva su nombre.

   Artículo: Prof./Lic. Arnoldo Gualino

martes, 16 de abril de 2013

ENZO IVKOVICH. Pintor


ENZO IVKOVICH. Pintor

Nace en Casilda, provincia de Santa Fe, Argentina, en 1976. Actualmente, reside en la ciudad de Rosario. Se formó en pintura con los maestros Pedro Giacaglia, Martha de Zuccheti e hizo clínica de obra con la Lic. Claudia del Río.
En 1995 recibió la beca Estímulo a la Juventud de la localidad de Los Molinos para la producción de obras y perfeccionamiento universitario.

Completa su formación con estudios en las carreras de Filosofa y de Bellas Artes en la U.N.R.
En 2004 ilustró la revista Prohistoria Nº 8 (U.N.R). En 2006 obtuvo la beca de Perfeccionamiento para Jóvenes Artistas, otorgada por la Fundación Nuevo Banco de Santa Fe y el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo Rodríguez.
En 2008 colaboró como calígrafo en la escenografía de la ópera

Los cuentos de Hoffman para el Teatro Argentino de La Plata.
Desde 1993 hasta la actualidad se desempeña en la enseñanza de la pintura con especialidad en artes figurativas.   
A lo largo de estos años ha participado de numerosas exposiciones colectivas e individuales y hoy su obra forma parte de colecciones privadas, argentinas y extranjeras.


Obra
“Se ha escrito ya acerca de Enzo Ivkovich. Abundan, en esa literatura, explicables referencias a las circunstancias físicas de su entorno, a sus circunstancias espaciales, pues vive con afán creacionista aun el uso más cotidiano.
Yo hablaré de él desde el frente de sus pinturas, aunque comience con un recuerdo lejano y personal.
Hace muchos años, un jovencísimo –apenas adolescente- estudiante Enzo Ivkovich, preparaba la naturaleza muerta con que participaría en una exposición.
Su técnica se distinguía de la del resto: un menor esfuerzo en el esfumado, bordes menos dibujísticos, pinceladas gruesas que exaltaban los colores; temeridad inusual ante el lienzo. El final fue tan bueno como para que otra estudiante le sugiriese llamar al cuadro «Momento de Inspiración».

Aquel momento se extendió a sus estudios posteriores. Cada muestra colectiva hacía notar también que Enzo Ivkovich se alejaba de los estándares enseñados hacia un modo propio, no solo en la selección de sus modelos –aquello que iba a pintar- pero en la forma de plasmar la imagen, la técnica. Cuando pintó La Rosa Negra, su primer original, pudimos observar la obra de un artista esencialmente cabal. Tenía 17 años recién cumplidos.
Duplicados sus años, la obra de Ivkovich se presenta con carácter evolutivo de aristas llamativas.      
Es dueño de todas las técnicas; quiero decir, puede utilizar todos los recursos pictóricos con éxito parejo. Yo diría, con felicidad.

Puede ser bueno empezar por sus acuarelas, que tienen temperamento minimalista; el pincel trabaja a modo de un cincel que labra sutiles gemas, desplazándose sobre una superficie sumamente vulnerable. La acuarela es una cosa difícil; es agua sobre papel, dos materiales que usualmente se llevan mal. Por eso la mayor parte de los acuarelistas plasman sus imágenes con manchas de colores, para evitar que el roce del pincel levante de la hoja sus despojos primeros.
Pero Ivkovich prescinde de dejar a su suerte la pintura, aun en la más nimia superficie, en la más minúscula.
Pues su pincel es sutil y racional.

Y aquí algo que importa: lo racional en arte –o en su arte- no debe entenderse como triunfo de la facultad de pensar sobre la emoción -ni siquiera como dominio absoluto de la voluntad racional sobre la materialidad de la pintura- sino como adecuación de la técnica al espíritu de la obra que se intuye e incluso debe pensarse con profundidad y rigor, pero solo se devela en el trance mismo de pintar: por eso ha dicho que «un pintor ve con la mano».
Con el óleo se explica mejor el aserto. Como los de Leonardo, los óleos de Ivkovich son una yuxtaposición de capas de pintura y veladuras. Es una forma sumamente amorosa del arte, y egoísta: él ha contemplado cuadros que nunca veremos, enterrados bajo su última apariencia. La visión de la mano lo lleva a la imagen final, que no puede ser perfectamente anticipada antes de la ejecución.

        El arbitrio está en saber cómo se hace lo que se hace: conciencia llamativa en estos tiempos, que dirige la evolución de la obra ivkovichiana y que no es casual, pues proviene de quien comprendió a la filosofía como inherente al arte.
No veremos pasajes de lo figurativo a lo abstracto, ni de lo académico a lo pop, ni de lo conservador a lo revolucionario, ni cabriola similar. Observaremos los mismos temas, los mismos elementos compositivos –fondos oscuros, nubes, piedras, cuerpos, rostros, flores- tratados de menor a mayor complejidad conforme el artista avanzó en la comprensión de la técnica. Tal vez no en el volumen; un poco más en la composición propiamente dicha. Sí en el color, del que Enzo es maestro. Los colores de una última obra suya, sustituyen la realidad cromática aprendida por quien la mira.
Pues me pararé ante, por ejemplo, El sueño de Endimión; tendré varios motivos para suspirar. Tendré el tamaño del lienzo, vasta superficie más vasta aun por la oscuridad de la que emergen las formas protagónicas. En los fondos oscuros se percibe una idea de infinidad, no en su acepción absoluta, sino –al igual que en Borges- como de lo inconmensurable, de lo que no puede medirse, que por exceder a las capacidades humanas, legitima la existencia de un Ser divino.    
Luego será la luz, que proyecta los volúmenes hasta tentar a la propia mano a una alianza táctil imposible.

Será el color, la laca carminada «desangrando las sombras», piedras cálidas de hendiduras que pienso: existen, pero tal vez no las había visto antes y deben ser como las que abrigarían los sueños de los primeros hombres, más viejas entonces que ahora.
Y de las nubes el azul phtalo que incandesce y en su fulgor morigera el frío de los otros azules… ¡Ah, sí!: tonos cálidos y fríos, miles de ellos, tantos como resulta difícil creer existan en la naturaleza y en el arte de todos los tiempos.
Será la humanidad melancólica del cuerpo desvanecido sobre las rocas, bello hasta lo doloroso, solo hasta lo metafísico, físico hasta lo intolerable.
Entonces el pecho exhalará todo el aire del que sea capaz. Sólo después de mucho rato, nos preguntaremos por la figura lánguida y delgada de quien ha podido traer esa forma superior de humanidad al mundo.
Es Enzo Ivkovich, que existe en nuestros días como una inusual joya de perfección y belleza, a la que ningún ser con espíritu renunciaría amar, si pudiera conocerla.   Dra. Alejandra Larrea
   Artículo: Prof. Arnoldo Gualino