sábado, 7 de diciembre de 2013

REALIDAD. LA MUERTE DE LOS SUEÑOS

SUEÑOS. MENTIRAS
Realidad o Fantasía: 

La muerte de los sueños

Para que me hablás con la metáfora, no acepto la irrealidad, los sueños no me sirven.
Falsificar la realidad, esperando pasar algo por verdadero. Algo lo puedo modificar otras cosas pareciera que no.
Una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad o incluso la verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente.

Si no existiese el componente de esta palabrita, desaparecerían la lectura del cuento a los niños; los “Reyes Magos”, el “Príncipe Azul”, las muñecas, los poetas románticos y sus versos, la gran Luna para los enamorados. 
Desaparecerían los artistas, el futuro, la música se convertiría en silencio,  la religión de los cielos.

“La mentira es la inexistencia real en el mundo de las ilusiones”.

Para los políticos, la mentira sería: “lo que prolonga el tiempo de una relación en crisis”.
Para los honestos: Es difícil creer que existen mentiras verdaderas... porque la mentira es siempre mentira.
Para el soñador: Son las únicas mentiras que se pueden realizar.


Un romántico hubiese utilizado: Prefiero que me hiera la cruda realidad a que me envenene la mentira piadosa.
Para el mentiroso: Sólo hace daño cuando es descubierta, y buscará pronto otra mentira.
El engañado: No me molesta que me hayas mentido, lo que me molesta es que ahora no puedo confiar en vos.
En ciertos casos, también guardar silencio es la mayor mentira; pero no decir algo es igual a mentir.
Cuantas veces hemos escuchado decir otra edad, modificar un número telefónico, inventar un romance.
La mentira implica un engaño intencionado, consciente, ser humano tarda más mintiendo que diciendo la verdad.


Respecto a la tradición ética de los filósofos se polarizan en la aceptación como la aceptada por Platón o Maquiavelo y las corrientes de Aristóteles, San Agustín y Kant que no la aceptaban.
El filósofo Leo Strauss acentuó la necesidad de mentir para ocultar una posición estratégica, o para ayudar a la diplomacia.
Comediantes y humoristas apelan con propósitos humorísticos comúnmente bromear, engañar, falsear situaciones. Práctica rápidamente incorporada por los políticos de todo el Mundo.


En “Pinocho”, de Carlo Collodi, el personaje de madera cuyo nombre da título a la obra es un muñeco de madera cuya nariz crece cada vez que dice una mentira.
La persona que dice la verdad se diferencia en el hecho de que el mentiroso quiere esconder la verdad, mientras que el otro la quiere revelar.
Un mentiroso debe tener siempre en cuenta la verdad para que al menos no se le vaya a escapar por accidente.
Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad; lamentable aplicación realizada por el Ministro de la propaganda Nazi Joseph Goebbels decía: “Miente, miente, miente que algo quedará”, se basaba en cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá.

Pero como el hombre es hombre: Quien siempre dice la verdad, puede permitirse tener mala memoria.
No aceptaríamos al ladrón de bancos cuando niega el robo; y en cierta forma aceptamos sin condenarlo al vendedor de coches que asegura a su cliente un kilometraje menor.


Tomás de Aquino, distingue tres tipos de mentiras: la útil, la humorística y la maliciosa; a todas considera pecado; pero de diferentes tonos: pecados veniales, mientras que la mentira maliciosa es pecado mortal.
La considera más grave es la “calumnia” imputando a algún inocente una falta no cometida en provecho malicioso.
“No porque todo el mundo crea en una mentira se convierte en verdad”.

Artículo: Prof./Lic. Arnoldo Gualino

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