viernes, 20 de diciembre de 2013

RUBÉN SEVLEVER. FABRICIO SIMEONI.

SEÑALES – DIARIO LA CAPITAL

Domingo, 15 de diciembre de 201301:00
Fabricio y Rubén
(Por Rubén A. Chababo). _ El pasaje Zabala fue rebautizado hace poco con el nombre de Fabricio Simeoni. En la misma calle vivió otro poeta, Rubén Sevlever, olvidado en el homenaje.
http://www.lacapital.com.ar/system/modules/com.tfsla.diario.core/resources/images/fulanodetal.jpgPor Rubén A. Chababo (cultura@lacapital.com.ar)

Desconocía que el poeta Rubén Sevlever vivió buena parte de su vida en el Pasaje Zabala. El azar, las causalidades concurrentes, como llamaba Lezama Lima a estos azares del destino, hizo que otro poeta rosarino, mucho más joven que él, recorriera esa misma breve calle.
La noticia de la muerte de Fabricio Simeoni ocupó, por imprevista, las páginas de casi todos los medios locales. Su trayectoria pública lo había ubicado como un verdadero referente para todos aquellos que se esfuerzan en vencer las adversidades con que la enfermedad castiga al cuerpo humano. 

Muy poco tiempo después de su muerte, un grupo de amigos propuso que el Pasaje Zabala pasara a tener su nombre. Un justo y merecido reconocimiento que olvidaba, acaso por la premura de la iniciativa, la sombra errante de Sevlever por esa misma calle.
Hubo quienes propusieron entonces, que antes de que se sancionara la ordenanza que daría lugar al cambio de nombre, se impulsara un acto de generosidad que alcanzara también a Rubén. La propuesta era entonces que el Pasaje pasara a llamarse "De los poetas". De ese modo, quedarían incluidos en la toponimia, la vida y la memoria del poeta joven y la del poeta viejo, el recuerdo de los dos escritores que allí escribieron e imaginaron buena parte de sus versos.

Entre Rubén y Fabricio había, entre las muchas diferencias que marcaron sus vidas y sus textos, el hecho del casi desconocimiento de la obra del primero. Rubén fue un escritor silencioso, de escasos libros, leído por un círculo muy pequeño de lectores pero poseedor de una poética que valiosos escritores y amigos de su propia generación como Juan José Saer, Noemí Ulla, Hugo Padeletti, Jorge Isaías o Aldo Oliva supieron reconocer en vida.

Ningún concejal de nuestra ciudad está obligado a saber de poesía ni mucho menos a conocer la obra de ningún poeta. No es su materia. Sin embargo, si alguna voz les advierte de algún olvido, sería importante que allí pusieran su oído para restañar lo que falta. Según lo aparecido en los diarios en estos días, alguien sugirió que el Pasaje incluyera también al poeta "mayor", pero el pedido no fue escuchado.

Finalmente, según lo que cuentan las noticias, la breve calle pasará a tener con justicia el nombre de Fabricio Simeoni. Y con gran injusticia, quedará relegado el del otro poeta, habitante real de esa misma calle. Con muchos menos flashes a su alrededor, con escasos reconocimientos públicos, Rubén Sevlever, el poeta silencioso, seguirá arrastrando su casi invisible figura en nuestro provinciano paisaje urbano.

Sería bueno que alguna vez logremos corrernos de la inmediatez mediática que logra iluminar algunos rostros y algunas vidas, ensombreciendo, injustamente, por ignorancia o desdén, las de otros. Sería bueno que alguna vez logremos evitar reconocer solo lo que destella a primera vista, para atrevernos a la aventura de descubrir, aunque implique de nuestra parte un gran esfuerzo, aquello que humildemente titila en el corazón de las sombras.

Al fin y al cabo, quienes conocieron a Fabricio, quienes gozaron de su amistad y de su simpleza, pueden imaginar que a él mucho le hubiera gustado compartir su nombre con Rubén.



Una vida, una obra

Rubén Sevlever nació en 1932 en Rosario. 
En la década de 1950 integró un grupo de notables escritores, donde se encontraban Hugo Gola, Aldo Oliva, Hugo Padeletti y otros. 

El primer medio de difusión de aquellos escritores fue Pausa, revista que Sevlever dirigió entre 1958 y 1961. En los años 60 fundó la librería Aries, que se convirtió en un intenso centro de actividad cultural. 

En 1966 la Editorial de la Biblioteca Vigil le publicó su primer libro,Poemas 1958-1965, al que siguieron Poemas inéditos (1982) y Enjambre de palabras (1995) con el que obtuvo varios premios. 

Falleció en enero de 2011. Ediciones UNL, la editorial de la Universidad Nacional del Litoral, publicó su libro póstumo, Poemas elegidos, en 2012.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.